Diversas magufadas

Hace una semana terminé de leer “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan. Hace dos días, una amiga cercana me habló de su asistencia a cursos de “Bioneurodescodificación” impartidos en varias partes de España. Tengo 31 años, soy ingeniero informático y me considero bastante versado en un buen número de ramas de la ciencia, por lo que no tardé mucho en visitar en Youtube alguna de las charlas de Enric Corbera (uno de sus máximos exponentes en la “divulgación”).
Mi asombro aparece aproximadamente en el minuto cuatro de este vídeo, cuando expone ante su auditorio la tesis de que el campo electromagnético terrestre está influenciado significativamente por el campo magnético generado por las neuronas de nuestro corazón y que, en los últimos años, éste ha disminuido porque nuestras actuaciones no son coherentes con nuestras actitudes (grosso modo).
Me siento incapaz de sintetizar mejor una cháchara de casi tres horas donde se insertan conceptos de psicología, ciencia y pseudociencia, en un batiburrillo bastante indigerible pero repleto de técnicas coercitivas comunes a este tipo de manifestaciones y una hábil forma de exponer. El público asiente a todo lo que dice el ponente, le ríe las gracias, repite el mantra “tomar conciencia” a intervalos de unos cinco minutos, y ve con buenos ojos que, desde el principio de la charla, el ponente deniegue cualquier pregunta porque, cito aproximadamente, “le interrumpe y de todas formas lo va a dejar todo totalmente claro, y si no lo entiende es que tiene interferencias [magnéticas]“. Sigue con que la gente debería pensar menos con el cerebro (que es “tonto del culo”, según él) y más con las recién descubiertas 40.000 neuronas del corazón. Un poco más de bla, bla, bla, y una bomba más: que las técnicas de biodescodificación (hipnosis, PNL…) pueden curar el cáncer. Todo esto aderezado con varios “¿me seguís, corazones?”.

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